Se descubrió una vez más pensando en sus ojos, en aquello que trataba de averiguar en ellos, una posible señal pero, eran tan poco expresivos que pocas veces lo veía sonreír de verdad… Se había vuelto su obsesión y todas las mañanas se sorprendía de la facilidad que tenía para encontrarlo… ¿Simple coincidencia?...No lo creo, esas cosas no existen y prefería atribuírselo al enorme deseo que siempre tenía por él.
Recordaba muy bien el momento exacto, sucedió en menos de un segundo: llegó al salón de clase de pintura y solo después de cruzar el enorme portón comenzó a sentirse extraña, el aire se torno cargado y solo al volver la vista hacia el frente puedo decir sin temor a equivocarme que se sintió indefensa; era la primera vez que veía algo como aquello…era la mirada más profunda que alguna vez creyó apreciar y, reconoció casi ponerse de rodillas…
…¡Que ojos!... pensó y, aunque el resto del tiempo parecía estar atenta era solo una actitud que adoptó para que no la descubriera nadie; estaba ausente y extrañamente muy nerviosa… aunque era evidente que él si lo notó…
Desde aquel día no dejó de pensar en su mirada, en su sonrisa, todo en él la volvía loca… se imaginaba en situaciones extrañas como normalmente solía hacer ya que se aburría con bastante facilidad, por lo que casi siempre andaba distraída, como en otro mundo: uno que creó con el paso de los años para salir del barullo en el que se encontraba a diario… pero según ella, esto no era lo raro, no, lo que en verdad la atormentaba era comenzar a encontrarlo también allí…¿Por qué le sucedía aquello?...comenzaba a molestarle.
Miranda; tan llena de sueños e ilusiones como de juventud y una belleza tan única como el mismísimo Universo: de tez apiñonada y suave, cabello tan negro como el ónix, labios gruesos y tentadores y unos ojos tan azules como el hielo, pero de una mirada intensa e innegablemente melancólica; un cuerpo delgado moldeado con infinita precisión y delicadeza, acentuado con unas tiernas curvas que iniciaban desde lo estrecho de su cintura hasta perderse en la longitud de sus exquisitas piernas… una creación casi perfecta e imposible: toda una obra de la naturaleza, que imaginársela podría resultar una verdadera utopía.
Se preguntaba que podría haber detrás de esos ojos de extraño color, y esa pose de misterio que siempre adoptaba; le recordaba a alguien más, alguien a quien en un momento de su vida creyó atesorar…aquel ideal de hombre “perfecto”…y justo en ese momento pensaba que había estado tanto tiempo entre sus fantasías que le pareció que una de ellas había cobrado vida…en él.
No se lo atribuía solo a su aspecto pero tenía que reconocer que se le parecía bastante y, entre tantas personas que en algún momento conoció, él era una lo suficientemente inaccesible según ella, por decirlo de alguna manera…
Hay días en que parecía querer decir tantas cosas y es justo cuando pocas veces se le veía sonreír; sin embargo, su forma de actuar es tan extraña que le resultaba exasperante que todo lo que hablaba lo dejara a medias y, la paciencia nunca fue una de sus grandes virtudes.
En varias ocasiones, por salir a buscar un poco de tranquilidad en algún rincón alejado de la multitud, lo observaba a él sentado escribir alguno de sus fascinantes poemas, esos que pronunciaba con tanta firmeza antes de iniciar cada sesión de arte, y que tanto la ponían a soñar despierta… parecía seducirla tanto que se pasaba un buen tiempo admirándolo a lo lejos, escondida entre la gente tratando de descifrar su encanto, aquello que no lo dejaba pasar inadvertido a sus ojos y, a las tantas emociones que aquellos reflejaban por él.
Nunca aceptó aquel hecho, quiso dejarlo pasar ya que el miedo la invadía cada vez que intentó acercarse, y cuando lo hizo solo terminaba creyéndose profundamente incómoda; parecía que aquel fantasma no la dejaría en paz nunca… parecía sufrir por éste suceso y muchas veces confesó que no quiso dejarlo solo, que debía protegerlo… ¿Qué clase de amor puede llegar a ese extremo?...
No lo comprendí hasta ese día, en que como por arte de magia sucedió y, solo al cruzar esa puerta me encontré aturdida por un mar de emociones…tal y como Miranda se sintió aquel día…
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